El jumper azul con tablitas y los
mocasines habían quedado atrás hace mucho tiempo, pero en
la cara no se le notaba todavía. Precisamente lo que se dice "noche"
no tenía. No de esa que incluye boliches, vómitos en la madrugada y tacos
sobreviviendo a los empedrados de Capital, pero tampoco de esa que son puros
maratones de series y películas, con papeles de golosinas, tazas y mate desparramados
por el escritorio. Ella sabía mucho de trasnochar, pero no de
"noche". Se había metido ahí por la poca experiencia que pedían y el
horario reducido de seis horas, cinco días a la semana.
-El
horario les va a servir para leer a los que estudian, no hay muchas llamadas. Y
los que no estudian van a ver que es un horario tranquilo, no es un laburo
exigente. Pero estamos buscando gente comprometida, que se ponga la camiseta.
Qué frase
más detestable sobre la faz de la tierra. Pero el de Recursos Humanos había
vendido su alma al diablo por dos monedas muchos años atrás como para darse
cuenta. Enfrente de él tenía veinte caritas ansiosas, eligió a un par, (los que
se supieron expresar mejor en un par de preguntas inocentes y trilladas), y así
Mecha entró al call center. Microcentro, ascensor, tercer piso, alfombras sucias.
A las dos de la mañana no iba a haber más de doce personas atendiendo el
teléfono y contestando preguntas, o eso le había dicho el de Recursos.
De día
debería ser otra cosa, todo un piso lleno de cubículos de un metro y medio, con
esas PC negras genéricas, murmullo constante y team líderes de un lado para
otro pegando el grito cuando alguno superaba el tiempo estimado de llamado.
Pero nunca iba a saberlo, de día dormía. Se había armado una rutina especial,
había comprado cortinas gruesas para poder dormir y que su cuerpo no se enterara
que no era de noche afuera. Secretamente se preguntaba cuánto tiempo iba a
tardar en tener bolsas en los ojos como una vieja de 80 años, pero por ahí no
le pasaba, laburar de noche definitivamente no era "tener noche". El
dios de la Vejez, Ojeras y Elasticidad en la piel debería saber la diferencia.
Se
levanta, desayuna (cuando cualquiera cenaría) y se baña. Emponchada va hacia la
parada vacía, a tomar un bondi vacío y hacer el mismo camino de siempre,
también vacío, a excepción de un par de rezagados que vuelven tarde. En algún
momento sintió una especie de satisfacción por ir a contramano, hasta que se
dio cuenta que si se creía esa mentira tendría que dejar de reírse de los que creen
que una remera de marca puede ser original y hecha a medida.
El chofer
apurado por terminar su recorrido va a las chapas y pasa semáforos en rojo. Ni
siquiera hay perros abandonados que pueda llegar a pisar. Tiene tres personas
arriba y a ninguno parece preocuparle la velocidad. De la flaca del fondo sólo
se le ve el flequillo, tirada contra el respaldo y abrazada a su mochila, el
viejo en el medio está roncando y el pibe al fondo toma cerveza. Horario de mierda
el que le tocó esa semana, todavía no sabe bien si prefiere a las viejas
molestas de las cinco de la tarde o el silencio de Microcentro un Martes a la madrugada, llega un momento que las dos
cosas taladran de igual manera pero en distinta dirección.
Mecha mira
la nuca del chofer y se le ocurre que puede estar cansado del silencio, casi
tanto como ella. Respira a través del pañuelo bordó que se compró el otro día y mira por
la ventanilla a la vieja que duerme en la puerta del banco Galicia. Algunas
cosas de día pasan desapercibidas, por ahí es el ruido, o la gente que hace
ruido y te tapa los ojos, o todo eso junto. Lo bueno del silencio es que te
permite escucharte, lo malo del silencio es que te permite escucharte. Cuando
ya se estaba acostumbrando a los ronquidos del viejo en el bondi y al olor de
la birra del que se sentaba cerca de ella, tuvo que levantarse y tocar el
timbre.
Caminó
rapidísimo las dos cuadras de la parada al edificio y esperó que el de
seguridad le abriera la puerta.
-¿Cuántas
letras?
-Recién
empieza, son cuatro. Es obvio que dice A G U A, pero un pelotudo llamó y dijo
cualquier cosa, es obvio que está re guionado.
Walter es
fanático de las palabras cruzadas, la sopa de letras y los programas
descartables con chroma de fondo y tetonas al frente. El candy crush ya lo pasé todo, y el preguntados es una gilada.
Podría ser tester de videojuegos gratuitamente, pero en vez de eso labura
mirando la cámara de seguridad de la puerta y abriéndole a los del turno noche.
Tiene dos hijos y una mujer que le cocina rico, es feliz.
Mecha
sube por el ascensor hasta el tercer piso y saluda al bigote, un poco más
gordo, un poco menos simpático y mucho más gruñón. No sabemos nada de él, sólo
que es hincha de Huracán y con eso deducimos todo. Su trabajo es hacerla pasar
a las oficinas del tercer piso y mirar cuatro cámaras de seguridad
constantemente, la del comedor, el pasillo que da al comedor y dos en las
oficinas. Los rumores dicen que se ríe leyendo a Tute y en navidad en su casa
se viste de Papá Noel para sus nietos, cuando no le toca cubrir su puesto de
bigote en el edificio.
Si el
piso está lleno de adolescentes atendiendo como locos, y de team líderes
controlando los tiempos de llamadas, nunca lo supo. A las dos de la mañana está
Daniel tomando café en una esquina, mirando videos graciosos por youtube cuando
cree que nadie lo ve, y la cantidad de operadores atendiendo en realidad es de
diez. En los ocho meses que está laburando, Mecha intentó tener más de una
conversación amable con cada uno, fracasando estrepitosamente. Se sientan
alejados entre ellos y apenas se miran, son parte de una elite de perdedores
antipáticos que no toleran el contacto humano más allá del telefónico. Un
ambiente laboral de lo más entretenido. El virus de la fobia a la aproximación
física todavía no le tocó a ella, pero se mantiene lejos por las dudas. Lo
bueno de laburar a esa hora es que no hay nadie para controlar lo que se
controla en el día, entonces su box es una continuación del escritorio de su
casa. Taza de café, mate y termo, chocolates, galletitas y apuntes de ese final
que se le está por vencer en un mes y no sabe si llega a preparar. El lema de
Daniel es "mientras no te agarren las cámaras hasta podés andar en bolas",
y por ahí tiene algo que ver con eso que Daniel un día no vino más y fue
reemplazado por Andrea.
Vamos a hacer las cosas un poquito diferentes, está bien
que estamos en el turno noche, que somos un poco más flexibles, pero tampoco la
pavada. Nos enteramos por ahí que traen comida al piso cuando saben que está prohibido
porque las alfombras se ensucian. Desde ahora cada tanto voy a pasar entre los
box para chequear que no se estén pasando, no quiero que esto sea como un
jardín de infantes. También vi que muchos pasan bastante tiempo afuera de línea
cuando les corresponde dos breaks de quince minutos cada uno. Antes de terminar
la jornada quiero que me notifiquen con un mail los horarios y el tiempo que
estuvieron en el baño. Libertad no es libertinaje, hagamos un mejor espacio de
trabajo.
La mina
mandó un mail y después pasó por cada uno de los box preguntando si lo habían
leído. Tenía voz chillona, cara de escoba y respiraba como Darth Vader. Voló la
taza de café, el mate, el termo y las golosinas fueron estratégicamente
escondidas junto a los apuntes del final que no estaba llegando a preparar,
junto con las ganas de seguir yendo a contramano del mundo.
-Buenas
noches mi nombre es Mercedes ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
-Hola
flaca, me acaban de robar, quiero suspender el teléfono para que estos hijos de
puta no me lo usen.
-¿Cómo te
llamás?
-¿Importa?
-Sí
-Juan
-Pasame
el número que vamos a suspender, Juan.
-1553194762
-¿A
nombre de quién está?
-Flaca
suspendelo ya.
-Necesito
otro dato para saber si estamos suspendiendo el correcto.
-Ramón Pérez.
-Necesito
que me esperes un momento en línea Juan ya estoy con vos.
Sí, no es
joda, la gente es tan simpática adentro como afuera. Hasta llegó a pensar que
había algo malo en ella, pero por ahí era que tenía un imán para la gente
estúpida. El libro de Reiki que le prestó su mamá le decía que no enviaba la
energía correcta, por ahí tenía razón.
-Buenas
noches, mi nombre es Maxi de suspensiones ¿Con quién tengo el gusto?
-Hola
Maxi, te habla Mecha, te paso un número para suspender.
-Dale,
bancá que este sistema de mierda está andando mal otra vez y tarda en abrir.
-Sí, no
hay drama.
-¿Estás
en el piso tres, no?
-Sí.
-Ah.
-¿Vos?
-En el de
abajo, pasame el número.
-1553194762
a nombre de Ramón Pérez, se comunica Juan.
-Mmm,
vamos a ver qué hay en la cuenta de este pelotudo... Disculpá que hable así, no
es con vos, estoy cansado nada más.
-No pasa
nada.
-La puta
madre sistema del orto, se tilda. Che, Daniel no está más, no?
-No, hay
otra, una mina ahora.
-Dani era
un genio, lo conocí porque laburaba acá en el segundo piso y después lo pasaron
allá.
-Ah, hace
bocha laburás acá.
-Ya no me
queda nada, me recibo este cuatrimestre y me voy a la mierda ¿Todavía no cortó
el flaco ese?
-No,
sigue en línea. Hiper malhumorado.
-Agradecé
que no está drogado o en pedo ¿Llaman muchos así, no?
-JAJA a
veces.
-Pajeros
miles seguro, encima tenés linda voz, te deben romper...
-A veces.
-Ya está,
vamos a ver, mirá vos este puto de Ramón... todos los fines de mes llama para
suspender la línea...
-¿Enserio?
-Tiene un
plan control, le dan crédito. Usa todo el crédito y después llama para
suspender así no le cobran todo el mes, tremendo hijo de puta.
-JAJA.
-Que
espere un poquito por garca ¿Vos cuánto tiempo más vas a estar acá?
-No sé,
lo estoy pensando.
-Hasta
qué hora laburás decía.
-Ah,
hasta las ocho.
-Nos
falta poco. Listo, ya lo suspendí. Pasame a Juan así le explico el procedimiento
de reposición que no va a hacer seguramente.
-Dale,
ahí te lo paso, un beso.
-Otro
para vos Mecha.
El mail
que mandó decía algo así como: 6.45 a 6.50 baño// 7.30 a 7.40 baño. Cuando
juntó sus cosas para irse y caminó hacia la puerta, la mina nueva la paró en
seco. Por un momento Mecha pensó que tenía que justificar los cinco minutos de
más que había tardado la segunda vez, al ser mina algo de la complicación con
los tampones iba a entender, pero sólo era para decirle que había estudiado sus
niveles de productividad en el último trimestre y había descendido. "Ponerse la camiseta" dijo, "Otra vez sopa", pensó Mecha.
Saludó a
bigote que le contestó con un leve e imperceptible movimiento de cabeza y bajó
por las escaleras. En la entrada Walter le dijo que había sido otra noche sin
que la tetona del chroma pudiera pronunciar bien las equis y le abrió la
puerta. Cuando salió ya era de día, miró al cielo (algo difícil de hacer por
los edificios) y un chico que salía se la llevó puesta.
-Perdoná.
-No, está
bien.
Maxi y
Mecha caminaron con paso firme pero cansado hasta el metrobús y ahí se
separaron. Hace meses que coincidían en la salida, pero ninguno sabía cómo se
llamaba el otro.
Jajajaj me encanta, me recuerda un poco a cuando hacía de 20 a 02. Nada, me reí con lo de A G U A , aunque obviamente tardé en entenderlo, xq soy un colgada.
ResponderEliminarEeennn fin, me encantó, como siempre. SI no lo viste date una vuelta, que subí de nuevo Te veo al rato