Lo lindo de enamorarse en el transporte público es que el gustito a sorpresa viene rodeado de lo efímero y no tenemos tiempo de hacernos la cabeza o prometer cosas imposibles. En un par de minutos descubrimos qué tan valientes o cobardes somos. Si nos animamos al hola o preferimos pasar desapercibidos, imaginando historias con un desconocido que quizás también nos haya visto e imagine lo mismo con nosotros.
Hoy escribí acá
No hay comentarios:
Publicar un comentario