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lunes, 28 de octubre de 2013

Se escapó.

-Así que eso, se escapó.
Dijo él, con la voz apagada mientras cortaba pedazos de queso. La miró de reojo por un segundo y le dio la espalda para terminar de poner el cremoso sobre la pizza. Seguía en la misma posición que unos minutos atrás, apoyada sobre la pared. Tenía esa remera escotada que le quedaba tan bien, el jean, las zapatillas y el pelo escondido en un rodete mal hecho. Ya iba por el tercer vaso de cerveza y no tenía pinta de que se le hubiese subido ni un poco todavía.
-Pobre, ¿La extrañas?
De repente la tenía abrazada a su espalda. No supo en qué momento se había acercado pero no importaba, esas sorpresas siempre eran bienvenidas.
-Sí, bastante.
Suspiró y le dio un pedazo de queso en la boca. Se corrió para poner la pizzera al horno.
-Igual era posible que pasara, la encontraste en la calle y era grande ya, era callejera.
-Sí, era probable que quisiera volver.
-Una gata hermosa.
Se le pegó al cuello y lo empezó a acariciar con la nariz, después con los labios y terminó con la lengua cerca de su oreja. Tenía esa capacidad de hacer que algo tierno se volviera erótico y viceversa.
-Voy a cambiar la música, me cansé un poco.
Despegaba el abrazo y era una pequeña magia que se rompía. No recordaba en qué momento se había puesto tan pelotudo. La vio irse al comedor, miró el reloj y se rascó la nuca suavemente. Tenerla ahí los viernes era un ritual que se repetía hace meses y todavía no se cansaba, y tenía ese sentimiento peligroso de que no iba a cansarse tampoco. Podía llover, cambiar los jeans por una calza y una musculosa, soltarse el pelo, venir pintada, sin pintar, con ojeras o estar de muy buen humor y traerse el vestido floreado, pero siempre estaba ahí, apoyada en la pared con esos ojos marrones casi negros mirando hacia la ventana y robándole el queso.
Para cuando volvió, tenía una de esas sonrisas contagiosas que le surgían de la nada.
-¿De qué te acordaste?
-Nada, fuimos al cine con las chicas. Arreglamos para juntarnos 40 minutos antes de que empezara la peli así no llegábamos tarde.
-Llegaron tarde igual.
-Sí, Luciana casi se pone a llorar, nos odió. Tuvimos que ir a otro cine porque esa era la última función.
-¿Estuvo buena?
-Pensé que me iba a reír más, pero estuvo linda.
-Tenemos que ir al cine.
-Tenemos que ir, posta. Desde el invierno que no vamos.
-Che, ¿Y tu amiga? ¿La que se puso de novia?
-Bien, ahí anda, hace tiempo no hablamos, con la facu y el laburo se complica.
-¿Te acordás que cuando te conocí venías de salir con ese flaco que quería tener novia?  
-JAJA sí.
-Lo primero que me dijiste fue “no quiero nada serio”.
-JAJAJAJ sí, estaba re trastornada.
-Te encontré como a Maia, asustada en una esquina.
-¿Me comparás con tu gata? ¡A ella le faltaba un ojo! ¡Venía de pelearse con medio barrio!
-JAJAJA se llevaba bien con vos.
-Obvio, si soy genial.
-Muy.
Le acomodó el pelo detrás de la oreja y empezó a besarle la cara. Olía su perfume, era el mismo que a veces sentía en las sábanas cuando se quedaba solo. La miró y lo que a veces le parecía tan transparente se transformó en una nebulosa. Después de poco tiempo la conocía mejor que a muchas personas, sabía que no tenía una máscara y que lo que pensaba se escapa de su boca más de lo que ella quería. Pero también sabía que ese era un lujo que ella sólo se permitía estando ahí, a salvo de personas indiscretas, y que era algo que se lo había ganado después de un tiempo. Como si saber lo que pasaba por su cabeza era un premio que había alcanzado después de varios niveles desbloqueados, quién sabe con qué gesto o frase.
Pero lo que realmente quería saber, le daba un poco de miedo averiguar. Si preguntaba iba a tener la verdad, cruel, sincera y directa, como esas verdades simples que dicen los chicos cuando parece que no entienden nada pero entienden todo.
-¿Seguís pensando lo mismo?
Ella tenía los ojos cerrados todavía, y seguía entrelazada, sin soltarlo.
-¿Sobre qué?
-Sobre eso, las parejas.
Se despertó como de un sueño, abrió los ojos y lentamente se fue apartando. El lenguaje corporal hablaba más rápido que cualquier lengua, y ella aprovechó para soltarse el pelo y peinarse mejor.
-¿De qué hablás?
-Nada eso, ¿Qué pensás?
Vio una especie de sombra en su cara como si se estuviese acordando de algo que le molestaba y que trataba de disimular.
-Mis viejos se aman y se destruyen todos los días, las personas que conozco y están en pareja se cancelan como dos pilas que las ponés del mismo lado, no sé.
-El amor son dos pilas que se cancelan, es una buena frase.
Sonrió y el aire se hizo un poco menos pesado.
-No sé, al principio está re bueno que seas independiente y labures, que salgas bien vestida y tengas muchos amigos y 7 meses después sos la forra egoísta que no tiene tiempo, que cuando sale con amigas se viste como puta y cuando sale con el novio se pone jeans y zapatillas. Lo que aman al principio se esfuerzan por cambiarlo después. Siempre es así.
Intentó que la frase final no cayera como un baldazo de agua fría, como un cross fulminante, se imaginaba que no hablaba de nadie en específico, y por eso tampoco de él mismo.
-Voy a buscar mi vaso.

Intentó pero no pudo, el balde lo mojó igual, el cross le dolió y lo dejó parado en el mismo lugar, atornillado al piso. La vio alejarse nuevamente hacia el comedor, y disfrutó de quedarse un momento a solas en la cocina, al lado del queso que se derretía en el horno. Se mordió la lengua y escondió todo lo que tenía ganas de decir hace ya tiempo, esa semana ya se le había escapado alguien que quería mucho, no estaba listo para perder otra vez.


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