No sé si les pasa eso que me pasa a mí. Eso de proponerse un objetivo y
entrar a caminar con zapatillas cómodas y una mochila todo terreno, para darte
cuenta de que a medida que te le vas acercando, ya no es exactamente lo que
estás buscando. En el camino las cosas se van transformando y uno así anda, a
punto de llegar a un objetivo, pero dándose cuenta de que en realidad ahora
quiere otra cosa. Existe una delgada línea entre la metonimia del deseo y la
frustración constante. La primera se siente mejor, así que cuando veo que me
acerco demasiado a la segunda, dejo de caminar y miro el piso. Atarse los
cordones funciona.

No hay comentarios:
Publicar un comentario