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jueves, 27 de marzo de 2014

Sala de break

"Este momento de descanso es tuyo... disfrutalo" Así dicen las paredes de la sala de break, en cartulina de colores con diseños seguramente no aprobados por alguien que sepa de diseño. Y me sale ese intento de comunicóloga que en algún momento quise ser. Pará, todos los momentos son míos, inclusive cuando estoy adentro, con una vincha puesta tratando de adivinar por qué a Laura de Quilmes le aparece facturado un servicio que no pidió.

-¡Está especial para torta frita hoy chicas! ¡Hola mi amor! Te amo.
Mide 1.65 y le dice lo mismo a todo el personal femenino (y después de las diez a algún masculino también).
-¡Charly! ¡No me hiciste mate!
Le grita la rubia, ojeando el celular.
-Te dije que salía de break 7 y 15, media pila.
-Ya va amor, ya va. Es que tengo tantas novias que no tengo tiempo de atenderlas a todas.
-¿Y por qué no dejás a alguna?
-No puedo mi amor, me hacen feliz.

-Charly no hay azúcar.
-No, ya sé. Estos sátrapas me mandan recién mañana, ahí puse edulcorante.
-Uh, café con edulcorante es un asco...
-Pero te lo hago yo y le pongo mucho amor...
-Bueno...

Me arriesgaría a decir que la sala de break tiene más tráfico que el puente Pueyrredón. Excepto los supervisores, todos los mortales tienen...

-No dan un pase, se sacan la pelota de encima.
-¿Y ustedes hace cuánto tiempo que no juegan una libertadores?

La chica de racing mira con odio al de anteojos y toma del vasito de plástico. La chica de san lorenzo sigue escribiendo. El DT frustrado de anteojos toma su café y dice que está lesionado pero juega bien de 9, no le creo.

...Los demás mortales tienen entre quince y veinte minutos para desayunar, almorzar, merendar, cenar o lo que tengan ganas de hacer (y puedan hacer) en ese tiempo. Cualquiera que haya salido conmigo mínimamente dos veces, sabe lo que tardo en comer y se puede imaginar lo que sufro tratando de almorzar en quince minutos.
Vamos negrita baila hasta el fín,
Vamos negrita hacelo por mí.
Vamos negrita baila hasta el fín,
Vamos negrita hacelo por mí.

En cuarenta minutos  que estuve haciendo tiempo ya pasaron más de veinte personas que vinieron, se fueron, y dejaron migas y manchas de café en las mesas. Cuando quedan pocos, Charly sube los redondos y baja el volumen del partido, algo me dice que el pequeño circo del fútbol lo tiene cansado y después de varias horas de trabajar el indio es más relajante que cualquier otra cosa.

-Charly, ¿Viste qué sucias son las minas? Explicame cómo hacen para mear toda la tabla, explicame.

Pelo negro levantado en una colita, pocos dientes, uniforme de limpieza. Los diez días que no estuvo todo el mundo lo extrañó. Después de explicarle a veinte personas seguidas facturación, que te hagan un mate y te digan "lo que es tu pelo, nena" es un cariño al cerebro gastado.

-¿Cuántas horas estás laburando Charly?
-Hoy doce, pero se me pasa rápido. Hay que mantener a los pendejos, viste.
-¿Doce horas?
-¡¡Y sí, si esta piba me hizo reventar la tarjeta en lafabella, la próxima te llevo a la salada morocha!!

Una nueva que  no entiende los códigos entra corriendo al baño y desaparece. Él prepara las máquinas de café (que igual que el amor, cuando tomás más de tres seguidos te deja un agujero en el hígado) y se va a juntar basura. Para cuando vuelve ya hablé con dos personas más, la piba de racing y el DT frustrado se fueron.

-Se quemó el ascensor, tuve que bajar la basura por la escalera.
-¡Qué bueno que no tenés problemas cardíacos!
-Sufro mucho por amor yo ¿Tenés novio vos?
-Dejala en paz a la piba, ¿No era yo tu novia?
-¡¡Y vos sos mi primer amorrr, no lo dudés!!

No sé cómo tiene energías para piropear a las minas doce horas al día. No sé cómo alguien tiene energías para atender quejas seis horas al día. Si avisaran de los aumentos en la factura no tendría tantas llamadas.

-No tendrías trabajo.
-Eso es como decir que los derrames de petróleo son buenos para que Greenpeace tenga trabajo.
-¿Greenpeace labura?


Fantaseo que estoy en Los Simpsons y que laburo con Homero, hace unas semanas pusieron una máquina de golosinas que se traba cada tres días. Charly conoce el secreto. De repente estamos todos jugando al pinball, calculando el peso del alfajor sobre el paquete de galletitas, y si será lo suficientemente pesado para que al precio de uno caigan dos. Y sí, se escuchan gritos en el pasillo, así que alguien ganó. Siento un poquito que estoy en el tercer día del año, como los chiquitos que no sienten el cambio hasta que ponen 2014 en el cuaderno Rivadavia forrado de azul a lunares. Ella vuelve a la UBA caminando debajo de la lluvia, no porque sea una romántica (aunque lo es), sino porque el paraguas se le ríe olvidado al lado de la puerta en Sarandí. Una de las tantas hijas pródigas va descubriendo que el camino cambia con cada paso que da.


Galletitas de agua atoradas


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