-

-

jueves, 6 de febrero de 2014

Abrazos que quiero dar

Por ahí no sea joda, quizás sea cierto que si queremos mucho a alguien hay una especie de conexión que supera las distancias. Hasta hoy pensé que era una boludez que dicen algunas madres para dar a entender que tienen una super conexión con sus hijos. Y sí, me caen muy mal esas madres.
Tengo una amiga que vive a miles de kilómetros de mi casa, odia el tomate y por más que sea invierno con una campera finita se arregla. Cuando la miro siento un poquito de admiración por todo lo que es capaz de hacer, por ser ese tipo de gente que hace que el aire sea más liviano y las horas pasen más rápido.
Esta semana estuvo pasando por uno de esos momentos especiales en la vida, los que uno espera que nunca lleguen, los que uno no está muy preparado para afrontar.
Hoy a las 10 de la noche en un momento nada particular de esto que se llama rutina, me dieron ganas de llorar tan fuerte como si me hubiesen dicho que no me amaban. Sí, algo parecido a esa sensación de mierda, o con eso lo comparé. Pero no supe por qué. En la tele estaba TCM, en la notebook un chat muy frívolo sobre zapatos para una fiesta de 15 y en la mesa algunos terminando de cenar. No había nada que pudiera provocarme esa sensación de tristeza. Como no sabía muy bien de dónde venía, tragué el nudo y traté de pensar en otra cosa.

La gente que me conoce sabe que una vez que llegué a casa puedo pasar horas sin mirar el celular, quizás por fobia a muchos años de tenerlo pegado a la mano derecha (traumas que tardan en irse). A veces leo algo dos horas después de lo que me hubiese gustado leerlo. Último mensaje recibido de ese personaje que no se deja sacar fotos, a las 10 de la noche. Noticias del sur. Abrazos que quiero dar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario