Y así es como se abre un Word un lunes a las 23:45,
como forma de paliar la frustración, tratando de usarla para la único que
sirve, como un motor. Hace un tiempo me puse a pensar, tengo una manía (que
después de todo quizás disfraza a la necesidad) de verle lo positivo a cada
piedra en el zapato. Culpa de mi madre seguro. Pero a veces no sabés bien si
ves lo positivo porque aceptás sin dudar lo negativo o porque realmente sos como
una madama del zen, en el caso de que existiera algo así. Hace mucho que dejé
de preocuparme por los asuntos filosóficos, si soy parte de una superpieza de
lego o tengo un martillo y voy rompiendo paredes, no hay diferencia, porque a
veces parece que es lo uno y a veces parece más que es lo otro. Por momentos
siento que tengo un deja vu, que soñé
una escena determinada y termino pensando que es una gran película donde soy la
protagonista y las luces me impiden verle la cara al director. Un muy mal
director, que ni siquiera se presenta. Y es ahí cuando me pongo determinista y
siento que está todo diagramado, esperando ser una pieza si no importante en el
conjunto, por lo menos no un extra mal remunerado.
Me inclino por
pensar que esta actitud positiva es un intento de, con lanza y escudo, salir a
cazar lo que venga, a veces es más inteligente buscar caminos alternativos que
permanecer en el lugar intentando hacer un hueco en la pared. Había una
historia así, una de unos ratones en un laberinto, y en el medio había queso
para vivir por un tiempo. Uno se quería quedar y el otro sabía que el queso se
iba a terminar en algún momento así que quería explorar el laberinto. No me acuerdo
cómo terminaba esa historia, pero definitivamente sé que tipo de ratón soy.
Igual no me voy a
hacer la superheroína, pero a veces las heridas viejas dejan marcas que van
endureciendo la piel y cuando recibís golpes en los mismos lugares, o percibís
situaciones parecidas, el cuerpo y la mente se ponen de acuerdo (aleluya) y te
avisan que no es el camino que te va a hacer bien.
Mientras sólo sea la piel lo que se endurece no me va a
preocupar.
Llueven mensajes
privados, salir de la zona de comodidad. No
es algo que tuviera planeado hacer. No sé si estoy enojada, no, no lo
estoy. Estoy como... Diagramo todo mi año, y en enero ya sé lo que quiero hacer
el resto de los meses. PUM. No, no lo vas a hacer. Esto no es algo que puedas
planear, van surgiendo imprevistos. Suspiro. Pared. Puedo sacar algo positivo
de esto.
La cantidad de amigos que tenés y gente que te quiere es
impresionante.
Todos nos hacemos
trampas, constantemente. A veces mirás para atrás y te das cuenta todas las trampas que te hiciste para no avanzar, soltar
o cambiar. Estar un año con alguien que no te hace feliz, cursar sin aprobar,
ir a la primer cita vestida como tu peor versión, cagarlo y dejar el chat abierto
para que lo vea, escaparse de la gente a la que le interesás, todas esas, están
en mi top ten.
Sos como una semilla que no sé en qué se va a
transformar, está bien, es propio de la edad.
Tengo 23 y me
siento vieja, como si tuviera poco tiempo para ser quien quiero ser. Finjo que
no me importa, pero ellos saben lo que pasa por mi cabeza. Quiero todo y lo
quiero ya, no es joda, ser una pila de ansiedad envuelta en una coraza de
tranquilidad. No sé cuándo las cosas se pusieron así. Salir de la zona de
comodidad. Sí, todo lo mágico pasa fuera de ella, pero no estaba lista para
abandonarla tan rápido.
Estuviste meses ahí.
Y vuelve el
determinismo a decirme que todo pasa cuando tiene que pasar. Y no, no soy yo
aceptando lo negativo. Soy yo usando lo que no parecen ser buenas noticias en
principio, como fuerza motor.


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