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lunes, 10 de febrero de 2014

Reality Bites

Y así es como se abre un Word un lunes a las 23:45, como forma de paliar la frustración, tratando de usarla para la único que sirve, como un motor. Hace un tiempo me puse a pensar, tengo una manía (que después de todo quizás disfraza a la necesidad) de verle lo positivo a cada piedra en el zapato. Culpa de mi madre seguro. Pero a veces no sabés bien si ves lo positivo porque aceptás sin dudar lo negativo o porque realmente sos como una madama del zen, en el caso de que existiera algo así. Hace mucho que dejé de preocuparme por los asuntos filosóficos, si soy parte de una superpieza de lego o tengo un martillo y voy rompiendo paredes, no hay diferencia, porque a veces parece que es lo uno y a veces parece más que es lo otro. Por momentos siento que tengo un deja vu, que soñé una escena determinada y termino pensando que es una gran película donde soy la protagonista y las luces me impiden verle la cara al director. Un muy mal director, que ni siquiera se presenta. Y es ahí cuando me pongo determinista y siento que está todo diagramado, esperando ser una pieza si no importante en el conjunto, por lo menos no un extra mal remunerado.
Me inclino por pensar que esta actitud positiva es un intento de, con lanza y escudo, salir a cazar lo que venga, a veces es más inteligente buscar caminos alternativos que permanecer en el lugar intentando hacer un hueco en la pared. Había una historia así, una de unos ratones en un laberinto, y en el medio había queso para vivir por un tiempo. Uno se quería quedar y el otro sabía que el queso se iba a terminar en algún momento así que quería explorar el laberinto. No me acuerdo cómo terminaba esa historia, pero definitivamente sé que tipo de ratón soy.
Igual no me voy a hacer la superheroína, pero a veces las heridas viejas dejan marcas que van endureciendo la piel y cuando recibís golpes en los mismos lugares, o percibís situaciones parecidas, el cuerpo y la mente se ponen de acuerdo (aleluya) y te avisan que no es el camino que te va a hacer bien.
Mientras sólo sea la piel lo que se endurece no me va a preocupar.
Llueven mensajes privados, salir de la zona de comodidad. No  es algo que tuviera planeado hacer. No sé si estoy enojada, no, no lo estoy. Estoy como... Diagramo todo mi año, y en enero ya sé lo que quiero hacer el resto de los meses. PUM. No, no lo vas a hacer. Esto no es algo que puedas planear, van surgiendo imprevistos. Suspiro. Pared. Puedo sacar algo positivo de esto.
La cantidad de amigos que tenés y gente que te quiere es impresionante.
Todos nos hacemos trampas, constantemente. A veces mirás para atrás y te das cuenta todas  las trampas que te hiciste para no avanzar, soltar o cambiar. Estar un año con alguien que no te hace feliz, cursar sin aprobar, ir a la primer cita vestida como tu peor versión, cagarlo y dejar el chat abierto para que lo vea, escaparse de la gente a la que le interesás, todas esas, están en mi top ten.
Sos como una semilla que no sé en qué se va a transformar, está bien, es propio de la edad.
Tengo 23 y me siento vieja, como si tuviera poco tiempo para ser quien quiero ser. Finjo que no me importa, pero ellos saben lo que pasa por mi cabeza. Quiero todo y lo quiero ya, no es joda, ser una pila de ansiedad envuelta en una coraza de tranquilidad. No sé cuándo las cosas se pusieron así. Salir de la zona de comodidad. Sí, todo lo mágico pasa fuera de ella, pero no estaba lista para abandonarla tan rápido.
Estuviste meses ahí.

Y vuelve el determinismo a decirme que todo pasa cuando tiene que pasar. Y no, no soy yo aceptando lo negativo. Soy yo usando lo que no parecen ser buenas noticias en principio, como fuerza motor.




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