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sábado, 29 de junio de 2013

Hola, qué tal? Les presento a mis fantasmas

Quizás sea estrés. Lo único que sabe  y está absolutamente segura, es que la falta de aire está en su cabeza. Sino no tendría sentido, todos estarían asustados. Pero de entre todos los corazones presentes, el único que empieza a latir con desesperada fuerza es el de ella, el único pecho que se encoge es el de ella y la única garganta que se cierra es la de ella. No puede estar más ahí, siente las manos frías, pero aún así no sabe si tiene calor o está congelada.
Está muy segura que sólo ella se está sintiendo mal, porque los mira de reojo y cada uno está en la suya, sonriendo y charlando sobre temas que no llega a entender. Las frases le llegan deformadas, y las risas parecen tenebrosas, como si sonaran desde lejos en un desierto sofocante, y ella estuviera encerrada en una caja muy pequeña debajo del sol.
Está tan comprimida en ese espacio, que siente como si le aplastaran el cuerpo con una máquina prensadora, tiene tanta gente a su alrededor, que siente que está sola.
Respira muy despacio, pensando inocentemente que así el aire va a durarle más, que no va a empezar a llorar, y que no va a vomitar el corazón. Cualquiera de esas situaciones no son opciones para ella, no puede permitirse tanta debilidad entre casi desconocidos, o conocidos que desearía que fueran desconocidos. Así por lo menos podría empezar a gritar sin sentirse mal al día siguiente, no se vería bien que le agarrara un ataque en ese momento. Tratando de mantener la calma, sigue respirando despacio.
Las puertas están por cerrarse y el corazón se le va a salir por la boca en cuestión de segundos, es ahora o nunca.

-Me quiero bajar
-¿Qué te pasa?
-No puedo respirar, no hay aire acá, somos muchos.
-Es un viaje corto, dale.
-Me quiero bajar, me siento mal.
-Es un viaje dale, estamos en invierno, te vas a cagar de frío.
-Me estoy ahogando, prefiero esperar un bondi.

Definitivamente ese fue el peor cumpleaños de su vida. Una sucesión de eventos desafortunados, mala música, un par de reproches, y una claustrofobia de regalo. No llegó a ser un ataque, nunca los tuvo. Podrían decir, quienes verdaderamente no pueden subirse a un ascensor, que la chica es una claustrofóbica trucha. Pero eso no quita que ese momento haya sido una pesadilla, y tampoco hace desaparecer los miedos que le surgen cuando se encuentra en lugares herméticamente cerrados.
Ella sabe que está todo en la cabeza, que no es un dolor provocado por un golpe, que no hay moretón ni cicatriz y que no hay un real peligro a quedarse sin aire en un subte, un colectivo o un tren. Pero aún así no puede evitar sentirse mal. No es todo el tiempo ni en todos sus viajes, no es cada vez que sube a un ascensor. Pero ahí está, a la espera.
Y es una de las tantas razones por las que a veces se pregunta si no debería ver algún psicólogo, quizás sería agradable que su corazón dejara de darle latigazos cuando las puertas del tren se cierran. Pero por algún motivo se resiste. Piensa en eso cada vez que se siente mal, cuando se da cuenta que le asusta algo que es imperceptible para las demás personas, pero finge olvidarse del tema el resto de las veces.
Consiguió un trabajo nuevo que está en un segundo piso. El edificio tiene dos ascensores muy pequeños, esos grises herméticos con espejos amplios, tan aterradores. Entran cuatro personas de contextura mediana y cada vez que sube en uno, respira hondo varias veces, mirando por qué piso se encuentra.

Piso dos.
Por fin termina el día laboral, la cabeza le explota de nuevo, le está costando acostumbrarse a la nueva rutina. Sube al ascensor del terror y trata de  entender de qué está hablando su compañera de rulos. Esa chica que salió de Mcdonalds hace poco y vive en Barracas. La que está haciendo el CBC para derecho y le cae tan bien.

Piso uno.  
-¿Te sentís bien Ro?
-Me duele mucho la cabeza, fue un día larguísimo. Semana difícil.
-Sí, yo también. Me fui a final en ciencias políticas.

¿Por qué bajaba en ascensor? Técnicamente no es mucho más rápido que bajar por las escaleras, y seguramente es menos molesto.

Planta baja.

Pero de alguna manera quiere sentir que está afrontando algo que le hace mal, y que le gana, todos los días. En dos semanas se va a cumplir un año del día que le empezó a tener miedo a los lugares cerrados, del peor cumpleaños de su vida. Pero se siente confiada, este año es mucho mejor que el anterior, se siente muy feliz, y si pasa mucho tiempo en ese trabajo, quizás se acostumbre al ascensor hermético.



Les presento a FLOPA, una genia, pido prestado su dibujito, que caracteriza muy bien el texto que me hicieron escribir y que no quise hacer, pero al final me gustó.

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